14 jul. 2013

cuando estoy particularmente ebria, puedo enamorarme cuatro veces por noche.


El sol sale y yo vuelvo a casa, después de un paréntesis con tres puntos, cada uno representando dos tequilas de más.
Mi mayor problema es saber empezar las cosas tan solo por el final,
en un desorden desagradable, caótico
que he aprendido a amar, como a todo lo que no tiene sentido,
como las noches en grandes ciudades con luces difuminadas,
como la poesía escrita sin rima, con una caligrafía aún más incomprensible que su contenido,
como su boca oliendo a alcohol y no a mí.

En medio de todo esto se me enredan las palabras a los pies mientras huyo silenciosamente de las sábanas de otro sustituto de mi amor platónico.
Pierdo la cabeza y mi percepción a estas horas ya es nula.
La mayoría de veces sólo me tumbo a oscuras y espero que llegue algún premio de consolación
(un orgasmo, una carta, una llamada inesperadamente esperada, una canción que hable de mí)
que la noche se haga menos eterna,
que el placer dure un poco más.
Su cabello era exactamente del mismo tono de marrón, sus ojos no los miré, sólo le quería desnudar.
Sé que no eres tú, sé que toda esta confusión soy yo
pero cariño, no sé si has oído qué tan ciego es el amor.

13 jul. 2013

"Bella" es una palabra de las que prefiero no recordar. 
Fue uno de los primeros cumplidos falsos que él me hizo. 
Es una palabra que me vino grande siempre, una palabra hecha para una mujer con rasgos faciales más armónicos, curvas más voluptuosas y piernas más finas; fue una palabra hecha para una princesa en sus mejores atuendos y no una loca con el pelo enredado. 
Siempre me dijo que él apreciaba la manera en la que yo era distinta. Aunque, claro, eso también fue mentira.
Fue mentira, como las veces que me dijo que me amaba o que no podía vivir sin mi. 
Sería que los dos éramos incapaces de contar todas las veces que lloramos el uno por el otro en nuestra corta vida (él no podría porque cero no cuenta como veces y yo porque a partir de ciento dos me perdí)
No entiendo qué hago sin peinar y con el maquillaje corrido en frente de un ordenador escribiendo sobre él, aún siendo consciente de que no le sigo amando (o eso es lo que he aprendido a decirme, como he aprendido a saludar diciendo "hola" sin saber muy bien lo que estoy haciendo, pero pareciendo muy segura de ello)
Empiezo a creer que no existe un remedio para la memoria en ciertos casos, y créeme, lo he probado todo...
(un recuerdo que nunca existió, un cierto tipo de supernovas convirtiéndose en agujeros negros cuando hizo una promesa de quererme y nunca supo cómo hacerlo)